martes, 26 de julio de 2022

Muchos desearon ver lo que ustedes ven (Mt 13, 16-17) P. Carlos Cardó SJ

P. Carlos Cardó SJ

Educación de la Virgen María óleo sobre lienzo atribuido a Diego Velásquez (1617 aprox.), Galería de Arte de la Universidad de Yale, Connecticut, Estados Unidos

"¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!; ¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen! Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron".

En la conmemoración de Joaquín y Ana, padres de María, abuelos de Jesús, la liturgia ve en ellos el cumplimiento de las palabras de Jesús: Dichosos sus ojos que ven y sus oídos que oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

Estas palabras de Jesús se refieren a sus discípulos, que constituyen para Él su verdadera familia porque escuchan la Palabra y la cumplen (Lc 8, 21; Mt 12, 50). Son los que están cerca de Él. A ellos se les ha dado conocer los secretos del reino. Conocer la voluntad del Padre, la participación en su amor por medio del Hijo. A ellos se les revela el designio (el misterio escondido) de Dios en la historia, que queda oculto a los sabios y entendidos de este mundo.

Por medio de Jesús, se han revelado los misterios del Reino de Dios a los que creen en Él, en especial a los pobres y a los sencillos. Por esto, Jesús ha dado gracias a su Padre: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. A estos puros y sencillos de corazón que verán a Dios (Mt 5, 8), Jesús los declara bienaventurados y les anuncia la gracia que les abrirá la mente para comprender todo lo que Él nos ha revelado.

A quien se acerca a Jesús y le sigue se le concede aquello que los antiguos profetas y justos (patriarcas, profetas, reyes) ansiaron ver e intuyeron que tendría su cumplimiento en el tiempo fijado por Dios. Todos ellos murieron sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo (Hebr 11, 13). Incluso de Abraham, padre del pueblo de Israel, dice Jesús: se alegró mucho con la esperanza de ver el día en que yo vendría al mundo; lo vio, y le causó mucha alegría (Jn 8, 46).

Ser de la familia de Jesús, oír su Palabra y llevarla a la práctica requiere de la gracia del Padre que nos abre los ojos para ver su luz, los oídos para escuchar atentamente y el corazón para mantener el deseo de su presencia.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.