martes, 5 de julio de 2022

Curación de un mudo (Mt 9, 32-38)

P. Carlos Cardó SJ

Jesús sana a un hombre poseído mudo, acuarela opaca sobre grafito en papel tejido gris de James Tissot (entre 1886 y 1894), Museo de Brooklyn, Nueva York

En aquel tiempo llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló.
La multitud, maravillada, decía: "Nunca se había visto nada semejante en Israel".
Pero los fariseos decían: "Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios".

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo
tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".

Antes de este texto está el de la curación de dos ciegos, que alude a la fe, entendida como visión. Ahora la curación del mudo alude a la fe como capacidad de comunicar la palabra.

La fama de Jesús se difunde, ha llegado la noticia de la curación de los ciegos, por eso le traen ahora a un mudo poseído por un demonio. En el evangelio, mudo es quien no oye la Palabra ni es capaz de expresarla. La curación consistirá, pues, en la liberación que capacita para comunicar la fe. El demonio es espíritu de oscuridad y muerte, impide la Palabra de vida. Pero no resiste a Jesús, que es la luz y la Palabra de Dios encarnada.

Llama la atención que en el texto ni siquiera se menciona lo que Jesús dice o hace al enfermo; la atención se pone en la reacción de la gente. Unos, la gente sencilla, maravillados por la obra que Jesús realiza, ven en ella el cumplimiento de la promesa mesiánica, y exclaman: Nunca se ha visto cosa igual en Israel. Los fariseos, en cambio, tienen una reacción contraria y, en vez de ver en la curación del mudo la manifestación del poder salvador de Dios en Jesús, utilizan el mismo milagro contra Él, afirmando que con el poder del príncipe de los demonios hace estas cosas. Este enfrentamiento anticipa el conflicto final que llevará a Jesús a la cruz.

Viene a continuación un resumen de la actividad de Jesús, típico de los evangelios sinópticos, para señalar el paso a otra sección. Aparecen las tres ocupaciones más características de Jesús: la enseñanza, la proclamación de la buena noticia del reino de Dios y la curación  de enfermos.

Dicho sumario concluye con la alusión a los profundos sentimientos de compasión que despertaba en Jesús la suerte de su pueblo, abandonado, sin guías ni líderes seguros y honestos que vieran por su bien. Los pastores son las autoridades, de quienes ya el profeta Ezequiel había dicho que, en vez de promover el bien del pueblo, buscaban enriquecerse.

¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!... Se alimentan con su leche, se visten con su lana; matan a las más gordas, pero no apacientan el rebaño. Al no tener pastor, se dispersaron… Por eso, así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré mis ovejas siguiendo su rastro (Ez 34, 2-3.11). Con ese mismo tono polémico, aludiendo implícitamente a los jefes judíos, que van a ser sustituidos por nuevos guías, Jesús manda a sus discípulos para que atiendan a las ovejas de Israel.

Las palabras que emplea para este envío mencionan a la cosecha, que en los escritos de los profetas servía para indicar el juicio final. Con ello, Jesús da a la misión de los evangelizadores una trascendencia muy especial: el mensaje de que serán portadores ofrecerá a la gente el don del amor de Dios, que salvará sus vidas si lo acogen en actitud de conversión. Queda claro que el don de la salvación, y su mismo anuncio, no parten de la iniciativa humana sino de la voluntad del dueño de la cosecha: La cosecha es abundante pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a recogerla.

A todos nos llega la invitación que hace el Señor. Todos somos llamados. La misión nos atañe, es de todos y para todos. Así mismo, orar para que el dueño de la cosecha mande operarios y mostrarse al mismo tiempo disponible para ir a trabajar en ella, son la expresión de la adhesión a Jesús, el buen pastor. Como Él, la inquietud constante del discípulo será manifestar con su vida y con su palabra el amor que Dios tiene a todos, sin distinción, pero mostrando al mismo tiempo una especial solicitud  por las ovejas débiles, perdidas o descarriadas, para que no se pierda ninguna. Este Dios expresa una gran alegría en el cielo cuando los descarriados y excluidos son integrados realmente y pueden vivir en la comunidad el amor que Él les tiene.

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