lunes, 2 de abril de 2018

Las Mujeres ante el sepulcro (Mt 28, 8-15)

P. Carlos Cardó SJ
Santas mujeres en el sepulcro, fresco de Fra Angelico (Beato Angelico di Pietro da Muguello Gui), (1441), Convento de San Marcos, Florencia, Italia
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".  Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo". Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
Las mujeres han ido al sepulcro. En vez de una piedra que sella las sombras de la muerte, un resplandor como de relámpago ha dejado como muertos a los guardias y una voz celestial las ha invitado a ellas a entrar al sepulcro vacío y comprobar que, en efecto, ¡No está aquí, ha resucitado como lo había dicho!
Vayan, les ordena. La Palabra que las anima a entrar, las impulsa también a salir para anunciar a los discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va camino de Galilea; allí lo verán. Y mientras obedecen con una mezcla de temor y alegría, Jesús les sale al encuentro. Ellas lo abrazan y lo adoran. Pero el Señor, reconocido al fin, las envía de nuevo a sus hermanos; porque es ahí, justamente, en la fraternidad, en la unión y en el servicio, donde se le encuentra.
El lugar definitivo de su presencia no está en los aledaños de la tumba, ni en el atrio del templo, ni en la ribera del Jordán, ni entre quienes comercian con la muerte. El Señor nos espera en Galilea, en nuestra Galilea, que es el espacio de nuestra vida cotidiana y de nuestras relaciones fraternas, sobre todo con los pobres, en quienes Él quiere ser servido.
Los guardias que custodian el sepulcro y han visto moverse la piedra, van a referir a las autoridades lo sucedido. Éstas se reúnen en consejo y deciden sobornarlos con dinero. El dinero siempre ha sido el instrumento para perversas estrategias. Ya les ha servido en el caso de Judas. Ahora lo usarán para hacer correr la ridícula historia del robo nocturno del cadáver a fin de explicar así el sepulcro vacío y neutralizar los efectos peligrosos de lo sucedido: Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían. Ellos toman el dinero y ejecutan la orden, y ésta es la versión que ha corrido entre los judíos hasta hoy.
Las mujeres fueron al sepulcro a honrar un cadáver y recordar. El anuncio de la resurrección del Señor las hizo buscar donde realmente Él está. Asimismo nuestra experiencia de la Pascua no puede consistir únicamente en un piadoso recuerdo o en el conocimiento de una filosofía de la vida, o de unas enseñanzas morales.
La fe en la resurrección propicia en nosotros la búsqueda y el encuentro con una persona viva que nos transforma, nos saca de nosotros mismos y nos envía a anunciar la buena noticia de que la muerte y el mal de este mundo no tienen la última palabra.
Alégrense... No tengan miedo, es el mensaje que hay que transmitir. La paz y la alegría son los signos inequívocos de la resurrección de Cristo, en la que hemos sido incluidos.
Muerte y vida 
trabaron singular combate
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

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